Sobre rogar y esperar milagros. Articulo de opinión sobre la DANA
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Sobre rogar y esperar milagros. Articulo de opinión sobre la DANA

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Coincido con el sentir general en el segundo aniversario de la inundación más grave de los últimos treinta años, en que casi todo sigue igual. Excepto nuestro temor, que ha aumentado cuando vemos el cielo tornarse gris y la tormenta resuena. Con motivo de esta efeméride, el señor alcalde Emilio Bascuñana, viene lamentándose sobre la falta de grandes obras por parte de las administraciones estatal y autonómica para paliar los efectos provocados por las inundaciones. Desde otros sectores echamos en falta conciencia de que el alcance del problema no se soluciona solo con megaconstrucciones, si no que pasa por conocer y respetar el medio que habitamos. Como tantas veces ha señalado una de las personas más sabias de nuestra comarca, José Manuel López Grima, quizá debemos comenzar a vivir como anfibios y amar nuestra tierra, conociéndola.

Si bien es cierto que, con mucha lentitud para que el dinero llegue a las personas afectadas, no es cierto que no hayan llegado ayudas, puesto que sí se han hecho efectivas algunas de ellas. Como las que ha efectuado la Conselleria de Vivienda para la rehabilitación de viviendas y alquiler de emergencia, que ya ha resuelto parte de las solicitudes. Y se olvida el señor alcalde de comentar la aprobación del Consell el pasado julio de las ayudas directas a ayuntamientos, que en el caso de Orihuela alcanzan los 3,2 millones a desarrollar en 20 meses.

Además de la legítima imploración a instancias superiores, echamos en falta que el Gobierno Local de Orihuela asuma responsabilidades en la parte que le toca. Y no se limite únicamente a reclamar que sean las administraciones autonómica y estatal quienes se hagan cargo de cuestiones que son competencia municipal. Como, por ejemplo, habilitar la prometida residencia y el centro ocupacional Oriol, recuperar el CRIS o la necesidad de comenzar a cambiar el modelo urbanístico y de planeamiento (modelo que sigue intacto, véase los últimos acontecimientos respecto al proyecto urbanizador de Cala Mosca), o el retraso en la publicación y puesta en marcha de los planes de emergencias, de los cuales, seguimos sin tener noticias dos años después.

Además de los compromisos que adquirieron en el Consejo Cívico de Reconstrucción, anunciados a bombo y platillo, un compendio de políticas y actuaciones que están al mismo nivel de realismo que un acuerdo de presupuestos con sus socios naranjas de Gobierno. Presupuestos necesarios para llevar a cabo la mayoría de esas medidas. Ojalá alguna de ellas sea puesta en marcha antes del final de legislatura.

Quienes gobiernan Orihuela deben hacerse cargo, asumir errores del pasado y reconocerlos, para poder abordar una problemática cuyos efectos son devastadores. Y que, por el efecto del colapso climático, van a ser cada vez más frecuentes. Todavía no han pedido disculpas por no activar los protocolos de emergencias ante el aviso rojo que emitió la AEMET. Urge, desde todas las instancias, remar en una misma dirección, en torno a los objetivos de sostenibilidad, sin que éstos queden en declaraciones de intenciones o significado vacío. Como últimamente hace la derecha al incluir el concepto en sus discursos, sin que generalmente se traduzca en una práctica política basada en la sostenibilidad. El futuro de nuestro municipio y la vida de quienes aquí habitamos está en juego.

Necesitamos dirigentes capaces de abordar los nuevos retos y que dejen ya de andar, cual plañideras, en cada foro o palestra. Que se arremanguen y hagan todo lo que esté en su mano para acometer la transformación del modelo de ordenación urbana, que va, desde el modelo de desarrollo urbanístico, que ha aumentando la impermeabilidad y ocupado zonas inundables y ramblas, y pasa por el modelo de agricultura intensiva basada en no respetar drenajes, salidas de aguas, arrasar con herbicidas la estructura del suelo, desmontar laderas y allanar zonas de cultivo que antes eran en balcones y terrazas.

En definitiva, la manera destructora en la que nos venimos relacionando con el medio que nos sustenta. Para caminar hacia un escenario en el que prime el respeto hacia los límites ambientales. Si queremos vivir en las llanuras de inundación del Segura, habremos de adaptar nuestras edificaciones, cual anfibios. Todo esto no es posible, a mi juicio, sin una reflexión profunda y una toma de consciencia de cuáles han sido los focos del agravamiento del problema y de los riesgos ante fenómenos extremos.

Urge, por tanto, que se pongan en marcha políticas que aborden todos estos problemas bajo el contexto de cambio climático, adaptándonos, a las características del medio y no adaptando el medio a nuestra conveniencia. Así como respondiendo a la creciente sensibilidad medioambiental. Para que los futuros pronósticos de gotas frías no nos hagan mirar con gran preocupación al cielo.

María García Sandoval.
Concejala de Cambiemos Orihuela.

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