El mal existe y dura seis minutos
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El mal existe y dura seis minutos

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Anoche dormí mal. Estaba inquieto y mi subconsciente abrió la puerta a los demonios del pasado que, de vez en cuando, se escapan y quieren empoderarse. Entre los cientos de imágenes, tomó más presencia la voz, la palabra, esa palabra…!Maricón!. Hoy me despierto con la noticia de que la muerte de Samuel, perpetrada por esa jauría de salvajes al grito de «maricón», de momento, la fiscalía no puede catalogarlo como un crimen homófobo o de odio. ¿Alguien en España tiene dudas? No he podido terminar de leer la noticia, porque detallaba la agresión, los seis minutos de agonía de un chaval de 24 años que solo estaba haciendo una videollamada con una amiga. Nadie lo ayudó, salvo dos nigerianos, esos «sin papeles» (que molestan, según algunos) tuvieron el coraje de reaccionar ante la barbarie y, lamentablemente, además de no poder salvarlo, casi perecen en el intento. Cuando intento reflexionar que pasa por la mente de unos adolescentes para asesinar de esa forma a otro ser humano, no lo entiendo. Me acongojo y mi mente retrocede al … colegio. Ese lugar que debería haber sido un lugar de aprendizaje y refugio, pero no lo fue. A esa palabra que me acompañó durante mucho tiempo por parte de mis queridos compañeros, esos que recuerdo a fuego, esos que convirtieron ese tiempo en un infierno. Ahora lo llamarían «bulliying» pero eran otros tiempos solo me decían «maricón» cada día y, claro, no era para tanto. Quizás porque cantaba en el coro, quizás porque iba con chicas (porque no vas a estar con los que te rechazan), quizás por mi risa, quizás llevaba una marca en la frente que arengaba a mis compañeros a jalearme con sus piropos. No lo sé y no me importa. Soy docente y después de treinta años todavía veo las mismas agresiones, el mismo odio, la misma cara de asco y no puedo evitar pensar que «el mal existe». Ahora es diferente, ahora soy yo el que protege, ahora la palabra «maricón» me suena hueca, a ignorante, a vacío. Hace muchos años que le quité poder, pero algunos de mis alumnos y alumnas todavía no pueden. ¿De dónde parte esa semilla? ¿Ese odio tan visceral? Creo que todos sabemos la respuesta. Estoy cansado del discurso de que el ser humano «teme» lo que desconoce, del «me dan más pena ellos». No, a mí no me vale cuando veo un vídeo de un joven que está en el Burguer King y se le acerca un padre diciéndole que se comporte, que cómo va así vestido, que le da asco y que su hijo lo está viendo y se puede …. ¿contagiar? No, no me vale el discurso de «perdónalos porque no saben lo que hacen». Sí, lo saben, jóvenes y adultos y por tanto, hay premeditación y alevosía y hay «maldad». Cuéntenles ese discurso a los padres de Samuel a ver si les vale. ¿Por qué la sociedad no despierta? Hay una comunidad LGTBI+ que sufre ataques de este tipo cada día. Hay niños y niñas que temen expresarse por miedo al rechazo en casa y fuera de ella. Es motivo de pena de muerte en otros países. Ya vale. Maricón, ¿sí y qué? El problema es cuando te rodean con palos porque mereces que te castiguen hasta …. ¿la muerte? Mi masculinidad nada tiene que ver con mi valentía ni con debilidad, sí con su cobardía, pues vienen en «manada». ¡Despertemos ya! No miremos a otro lado y ayudemos a que no haya otro Samuel. Descansa en paz Samuel, quiero pensar que tu muerte habrá abierto algunas mentes. Ojalá hubiera podido ayudarte. Ojalá.

Francisco Javier Insa García. Escritor, abogado, docente y articulista.

Twitter e Instagram: @fjinsa
Web: https://fjinsa.com/

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